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La Literatura –del latín littera, letra– indica, por su sentido etimológico, la palabra escrita y, por su desarrollo a través de los siglos, se convierte en el testimonio vivo de la memoria de la humanidad, por el cual a través de los escritores la vida se escribe a sí misma. Como lo ha expresado Rainer María Rilke: “Es nuestra tarea dejar una huella profunda en esta provisional y perecedera tierra. Somos las abejas de lo invisible”.

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Título: Cabellos revueltos
Autor:
Yosano, Akiko

Traductor: Alberto Silva
Editor: El hilo de Ariadna
ISBN: 978-987-3761-32-4
Páginas: 152
Formato: 15,5 x 22 cms
Encuadernación: Rústica
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Cabellos revueltos

La obra de Akiko Yosano proyecta una luz penetrante cuando se la percibe engarzada en el archivo literario y cultural japonés. Eminente poeta japonesa, puede ser considerada bisagra entre la tradición de las primeras maestras literarias del siglo XI (Sei Shonagon o Murasaki Shikibu) y las mejores poetas, narradoras y cuentistas de hoy, de Banana Yoshimoto a Yoko Ogawa. Esta condición de puente entre lo muy remoto y lo estrictamente contemporáneo brinda a la escritura de Yosano su doble carácter distintivo: japonesa por trama y sensibilidad; apta para su difusión entre nosotros, gracias a la universalidad de situaciones y emociones que fluyen de sus poemas tanka.

 

Akiko Yosano (1878-1942) es sin duda la poeta más leída y admirada por sus compatriotas japoneses, desde comienzos del siglo XX hasta la fecha. Nacida en Osaka en el seno de una familia acomodada, Akiko recibió la formación propia de una damisela joven: cuidado del varón, artes de la cocina y de la alcoba. Pero además recibió la herencia que su padre soñaba para su primogénito, que hubiera preferido de género masculino: dominio de la escritura y mando de la herencia familiar. Akiko sostuvo el peso formidable de esa doble formación (semejante a la de las más grandes escritoras de la antigüedad, como Sei Shonagon o Murasaki Shikibu, quienes vivieron igualmente sometidas al deseo paterno). Dirigió el negocio familiar (una famosa pastelería de la ciudad), crió once hijos, protegió a un marido talentoso y pusilánime. Y le quedó tiempo para escribir unos cuantos de los versos que los nipones siguen leyendo para impulsarse en el camino del deseo y del amor. Akiko Yosano fue un verdadero portento de firmeza y feminidad.